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Relicario Bakota

3.000,00 

Se discrepa sobre la representación de estas figuras de guardianes. Algunos expertos consideran que simbolizaban retratos abstractos de difuntos, mientras, cada vez más, se defiende que el carácter sagrado reside en los huesos, no en las figuras ni en los relicarios; por lo que no supone en absoluto ninguna contradicción su comercialización y su venta. De hecho, durante las migraciones, la comunidad trasladaba los huesos de los antepasados, se llevaban las reliquias, pero no los relicarios.

Medidas: 53 x 21 x 3 cms.

Peso: 1.443 gr. + 361 gr. (soporte)

Ubicación: Mapa

 

1 disponibles

SKU: AEADEP991 Categoría:

Descripción

Se le atribuye a esta pieza guardián Bakota un extraordinario valor.

Aunque las figuras son originarias del Congo, se trata de una reproducción realizada en Camerún con maestría ejemplar. El trabajo es más meticuloso y refinado que los más toscos originales. Los ojos están elaborados con hueso; ostenta tres rombos en la parte posterior, diferenciándose expresamente de los genuinos que llevan sólo uno.

Por Bakota se conoce también como Kota, Ikuta, IKota, Kotu y Mekora, a un grupo étnico bantú. Viven entre la región noreste de Gabón y el Congo Brazzabille. Las diversas fuentes consultadas discrepan sobre su número; se estima que son entre casi 50.000 y 75.000 en el año 2019.

El significado de Bakota procede del substantivo Kota, que significa vincular, lo que sugiere un pueblo unido con un destino común. El idioma tiene varios dialectos, que incluyen Ndambomo, Mahongwe, Ikota-la-hua, Sake, Menzambi y Bougom.

Los Kota llegan a su ubicación actual tras una serie de migraciones desde el noreste, posiblemente cerca de Sudán. Se cree que comienzan hacia el siglo XVII. A diferencia de los Fang, sus vecinos del este, los Kota son pueblos pacíficos. Prefieren recoger y moverse en lugar de enfrentarse en guerras. Las primeras referencias europeas datan de 1870, los Kota ya están en su tierra natal actual.

Las misiones cristianas llegan a inicios del siglo XX. Logran que muchos Kota adopten el cristianismo. Como resultado, muchos de los objetos de arte asociados con su religión tradicional se destruyen, se entierran o, en algunos casos, son arrojados en ríos y pozos, lo que conlleva una inconmensurable merma de la historia y de riqueza cultural. Desde la década de los 30 del siglo XX, especialistas europeos en arte buscan estos objetos desechados para recuperarlos y llevarlos a museos occidentales. A menudo, los mismos Kota los excavan buscándolos.

Actualmente, la mayoría de los Kota son de religión católica.

Cada aldea consta de casas de adobe dispuestas en patrones equilibrados a lo largo de calles rectas. Alrededor, en las selvas tropicales y los cerrados bosques que rodean las tierras Kota se cultivan, a golpe de azada, principalmente plátanos y mandiocas. Para evitar la corrosión y el agotamiento de la tierra se utilizan técnicas de tala y quema de rastrojos combinándolas con la rotación de los cultivos.

Políticamente, los Bakota se clasifican como sociedad sin estado.

Comparten sistemas políticos similares, cada pueblo tiene un líder político y religioso que arbitra cuando surgen problemas en la comunidad y también es el especialista en las ceremonias y los rituales religiosos. El cargo se hereda por la posición que tiene en relación con la familia fundadora de ese pueblo.

Se trata de una sociedad patriarcal, aunque alguna de sus etnias, como la Mahongwe, han adoptado el sistema de linaje matrilineal. Tienen un fuerte trasfondo igualitario, que trasciende la edad y el género. A los pequeños Kota se les enseña el respeto a la ancianidad, a valorar la tradición y el Ewele u orgullo.

La religión tradicional Kota se centraba en el culto a los antepasados. Se guardaban los cráneos y los huesos largos de los jefes difuntos considerando que favorecían el bienestar de la familia, manteniéndose ocultas y alejadas de los no iniciados y de las mujeres.

Se esculpían esculturas de madera y se recubrían con placas de cobre y de latón, conocidas como relicarios o figuras de guardianes, que se adjuntaban a las cestas que contenían los huesos.

Se discrepa sobre la representación de estas figuras de guardianes. Algunos expertos consideran que simbolizaban retratos abstractos de difuntos, mientras cada vez más, se defiende que el carácter sagrado reside en los huesos, no en las figuras ni en los relicarios; por lo que no supone en absoluto ninguna contradicción su comercialización y su venta. De hecho, durante las migraciones, la comunidad trasladaba los huesos de los antepasados, se llevaban las reliquias, pero no los relicarios.

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