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Figura femenina Igbo de madera

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Figura femenina Igbo. Esbelta talla en madera. Frente acabada a modo de corona. Brazos y manos extendidos, esternón con escarificaciones terminado en ombligo abultado, piernas con pulseras que llegan a los tobillos

 

Ubicación: Mapa

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Descripción

Igbo, algunas veces también denominada Ibo, es una de las poblaciones más extendidas en África. Se calcula en unos ocho millones según la Universidad de Iowa. Casi 18 millones según otras fuentes.

La mayor parte está asentada en el sudeste de Nigeria, en Igboland, también viven Igbo en Guinea Ecuatorial.

En las zonas rurales de Nigeria, la mayoría de los Igbo se dedican a la agricultura. Su producto agrario más importante es el ñame. Cada año, a su recolección le dedican grandes celebraciones. Producen suficiente ñame para ser exportado. Además, ayudados de mano de obra migrante, también cosechan el fruto de la palmera transformándolo en aceite de palma que exportan en grandes cantidades a Europa y lo convierten en un producto comercial rentable.

Antes de la llegada del colonialismo y de las misiones cristianas, y al igual que otras comunidades africanas, los Igbo eran poblaciones con gran diversidad cultural, política y religiosa. En su caso, se dice que eran tan anárquicas como democráticas. La llegada del imperio británico trasforma el sistema sociopolítico perdiendo su forma de vida tradicional complementada con la labor de los misioneros cristianos, que contribuyen a desestructurar las sociedades indígenas tanto en la lengua como en la educación, la religión y las prácticas culturales de la metrópoli.

La novela de Chinua Achebe Things Fall Apart es una de las obras literarias africanas más importantes. Se enfoca en buena parte en los cambios que sufrió la cultura Igbo bajo el colonialismo.

Si bien son los primeros pueblos que se oponen a la ocupación colonial británica, a medida que las nuevas generaciones se escolarizan en las misiones católicas y adoptan el cristianismo van aceptando poco a poco la administración colonial mientras ellos ocupan los puestos subalternos.

Desde su independencia británica, el país es dirigido principalmente por gobiernos militares con el apoyo de los Hausa y los Fulani. Privilegian el norte, en detrimento del territorio Igbo, que desarrolla un fuerte sentido de identidad. En 1967, las tensiones llegan al extremo de la secesión. El estado independiente de Biafra se declara en mayo de 1967. La guerra dura hasta enero de 1970 en que las tropas biafreñas se rinden. En la guerra mueren unas 100.000 de inanición y entre 500.000 y 2.000.000 como resultado del asedio a que se somete la región por parte de las tropas gubernamentales.

Cada vez más, las tensiones étnicas en Nigeria asumen caracteres religiosos. El sur es principalmente cristiano. El norte, musulmán. Muchos Igbo residente del norte son asesinados por grupos musulmanes Hausa y Fulani y los Ibo se desquitan con violencia similar.

Si bien buena parte de la población Igbo es cristiana, la religión tradicional denominada Odinani prevalece de alguna forma. En la mitología igbo, el Dios supremo, Chukwu o gran espíritu es quien crea el mundo y lo que hay en él. Se asocia con todo lo relacionado tanto con la tierra como con la complejidad del cosmos.

Las primeras formas de arte Igbo que se conservan son del siglo X (Igbo Ukwu). La gran calidad de esas piezas fundidas de aleación de cobre sugiere que habían alcanzado un nivel de tecnología que desafiaba a la de sus contemporáneos europeos

Justo es terminar la breve historia de la población y las figuras femeninas Igbo, con la difusión y el recuerdo de Ogu Ndem, la guerra de las Mujeres en 1929[1]. La rebelión de mujeres Igbo contra la imposición de la política fiscal, la forma de actuar sobre la población y las atribuciones excesivas del gobierno británico y sus representantes locales, los jefes de garantía, además de restringir la participación femenina en el poder. en pleno apogeo colonial.

 

La viuda Nwanyeruwa. Ogu Ndem. La guerra de las Mujeres Igbo. Nigeria. África (1929)

Uno de los pasajes más significativos de la lucha de las mujeres en África los años treinta del siglo XX empieza con las mujeres Igbo, en Nigeria. Protestan contra las autoridades locales, los denominados “jefes de garantía” impuestos por el colonialismo de Gran Bretaña. Los acusan de imponer gravámenes abusivos, además de restringir la participación femenina en los asuntos sociopolíticos.

La Guerra de las Mujeres Igbo la organizan y lideran mujeres rurales que acaban forzando la dimisión de varios “jefes de garantía”. Durante la contienda atacan, destruyen e incendian varias cortes nativas. Los oficiales británicos recurren a las fuerzas de seguridad para terminar con las protestas. Decenas de mujeres son arrestadas y tiroteadas.

Desde entonces, la posición de la mujer en la sociedad mejoró en algunas áreas. Algunas reemplazaron a jefes de garantía y ocuparon asientos en las cortes nativas. Inspiradas en esta lucha, existieron y existirán otros movimientos y luchas de mujeres, en África y en el mundo.

……………………..

Contar a la población para incrementar los ingresos. Conocer mejor la colonia para explotarla y dominarla mejor.

Antes de la invasión colonial británica, los sistemas políticos y administrativos de los pueblos Igbo son altamente democráticos e igualitarios, también entre las mujeres y los hombres. En la sociedad tradicional, ellas disfrutan de posiciones de autoridad en la organización política, social y religiosa de la aldea. El linaje se transmite por vía materna. Los cargos son electos; se evita la concentración del poder, la autoridad está descentralizada y se reparte equitativamente entre los diversos grupos de edad y clanes que constituyen la comunidad.

Desde la llegada del hombre blanco, de los colonos, las mujeres Igbo han perdido mucho poder. Emerge el patriarcado y con él, el odio y el desprecio a las mujeres. Los blancos han proporcionado toda la soberanía a los hombres ocupando puestos reservados a los nativos. Ahora la autoridad se concentra en unas pocas manos; las que complacen a los colonos que saben recompensar a los esclavos satisfechos. La imposición del patriarcado ha acabado con muchos mecanismos culturales que poseían las mujeres para apoyarse y defenderse entre ellas.

Uno de estos mecanismos era el enfado. Enfado que era gestionado de forma colectiva. Aunque podían tener problemas individuales, las mujeres se consideraban una unidad cuando se producía una contienda con un hombre. El enfado de una, era el de todas las mujeres de la aldea. Los hombres lo temían y trataban de evitarlo. Esta red solidaria las colocaba en una posición de fortaleza para dirimir reyertas relacionadas con engaños, malos tratos o abusos de cualquier tipo. La solidaridad actuaba de forma preventiva. Por su parte, los hombres evitaban comportamientos que podrían desencadenar en conflictos con todas las mujeres de la aldea.

Otro mecanismo cultural de las mujeres Igbo para apoyarse entre ellas era el denominado “sentarse encima de un hombre”. Consistía en señalar y ridiculizar a los hombres que habían tenido una actitud o un comportamiento de desprecio hacia las mujeres: maltratar a la esposa, violar las normas del mercado que dependían de las mujeres o dejar que su ganado se alimentase en los terrenos donde pastaban los animales de una mujer. El señalamiento podía producirse de muchas formas. Las más frecuente era, lo que ahora se conocería como “escrache”. Ellas rodeaban la vivienda del hombre cantando canciones obscenas que ridiculizaban su virilidad. En los casos más graves destruían sus propiedades llegando a incendiar sus viviendas. Ellos, por su parte, no solían defender al que había sido señalado.

En la sociedad Igbo se consideraba que las mujeres tenían más capacidad de empatía y cuidado de lo colectivo. Esto no implicaba que los hombres tuviesen un rol permanente de sometimiento o pasividad, pero sí que las mujeres, entendidas como unidad, fueran las encargadas de resolver los conflictos, en tanto que se consideraba que tenían mayores competencias para ello.

Las imposiciones de las instituciones coloniales han supuesto la ruptura de las sociedades indígenas, con la consecuente pérdida de las instituciones sociales y culturales propias. Como todos los demás pueblos colonizados, los Igbo ni tenían capacidad de autogobernarse ni siquiera podían seguir siendo quienes y como habían sido hasta entonces.

El 1 de enero de 1914 entra en vigor lo que se conoce como el sistema de gobierno indirecto. Hasta entonces, los ingleses ocupan militarmente el territorio. Facilitan y alientan la explotación de sus recursos. Atribuciones entre las que se incluye el secuestro, la tortura y la venta de seres humanos como esclavos.

A partir de 1914 la metrópoli se dota de una estructura política capaz de garantizar de forma más efectiva el control del territorio. Crean las figuras de Jefes de Garantía. Individuos nativos seleccionados por los colonos se encargan de hacer cumplir las disposiciones de la metrópoli. Sin más función que la de complacer a los colonos a cambio de la mitad del dinero recaudado de los impuestos, se convierten en auténticos tiranos capaces de las mayores barbaridades.

El sistema da, tanto a jefes tradicionales como a otros designados por los británicos la misión de representar al rey de Inglaterra, lo que les permite mantener el poder en todas partes con menor coste y actuar agresivamente en el saqueo de los recursos minerales de la tierra natal de los Igbos en Nigeria. Así, mientras los amos se ocupan de explotar el patrimonio de su colonia para industrializar Gran Bretaña, los jefes locales impuestos por los británicos se vuelven poderosos y despóticos. Extorsionan a sus súbditos imponiendo multas y tarifas irrazonables. Se apoderan de la propiedad privada a voluntad y maltratan a cualquiera que se oponga a su autoridad.

La dominación política se complementa con la labor de los misioneros cristianos, que contribuyen a desestructurar las sociedades indígenas mediante la imposición de la lengua, la educación, la religión y las prácticas culturales de la metrópoli.

En los años veinte del siglo XX, Gran Bretaña sufre grandes pérdidas tras la Primera Guerra Mundial.

Durante 1927, para recaudar fondos, los colonos deciden aplicar impuestos directos a la población. Mandan a decenas de funcionarios del gobierno británico a Nigeria. Se trata de organizar un censo, contabilizar a la población y anotar las cabezas de ganado que poseen; después, fijan una tasa para cada una de ellas, sea cual sea el poder adquisitivo, un impuesto que ahoga sus miserables ganancias.

Dos años después, va a suceder de nuevo.

En 1929, el gobierno británico se dispone a revisar esos datos. Según les han dicho a las autoridades locales, sólo se trata de mejorar la información que en muchos casos había quedado incompleta. Los gobiernos locales cumplen su función, los británicos les han colocado en el poder y les permiten hacer lo que deseen con la población autóctona siempre y cuando no interfieran con los intereses de la metrópoli. A la dominación económica se une la cultural y la política y crea una trampa de la que es imposible escapar

El pueblo tiene motivos para desconfiar. Preocupados por los efectos de la nueva política fiscal y sobre cómo podrán cumplir con las altas cargas financieras impuestas por los jefes locales, piden al gobierno colonial preservar la exención de impuestos. Su petición es rechazada.

Cuando el 29 de noviembre de 1929 Mark Emerewua llama a las puertas de las casas y pregunta por el número de personas que viven en ella y el ganado que poseen, murmuran maldiciones entre dientes.

Visita la casa de Nwanyeruwa, mujer de mediana edad que acaba enviudar. No está dispuesta a que las maldiciones se queden solo entre sus dientes. El nuevo censo quiere extender los impuestos a las mujeres que hasta entonces están exentas de pagar por su ganado.

Cuando el funcionario le pregunta por el número de ovejas y cabras que tiene, Nwanyeruwa ve confirmados los rumores que lleva semanas escuchando. Tras una disputa acalorada, el altercado termina con la agresión a la viuda. Ella le echa de su casa y se dirige a la plaza principal y alerta sobre lo sucedido.

La noticia llega rápidamente a las mujeres en el mercado de la ciudad que están discutiendo sobre esta política fiscal delirante. La convocatoria se extiende con rapidez.

Furiosas, las mujeres temen que los ingleses las ahoguen todavía más en la miseria y la desgracia que los blancos han llevado consigo. Se convoca una asamblea de mujeres para esa misma tarde. Deciden convocar una protesta el 2 de diciembre para impedir la imposición de la tasa, movilizar a las colegas de las aldeas vecinas y dirigirse a la oficina del jefe para exigir su renuncia.

La mañana del 2 de diciembre de 1929 más de diez mil mujeres se manifiestan frente a la oficina del Jefe de Garantía de la ciudad. La convocatoria ha corrido rápidamente por la provincia, acuden mujeres de pueblos cercanos. El Jefe de Garantía se niega a hablar con ellas. Las órdenes recibidas son claras ni está dispuesto a perder la mitad de los ingresos que le han prometido por la nueva tasa.

Pasan las horas. Las mujeres no se marchan. Tampoco se quedan quietas; cuando cae la tarde, las mujeres Igbo comienzan a cantar y bailar de forma ridícula, riéndose de los hombres que ocupan los puestos creados por los colonos. Rodean sus casas e impiden que salgan de ellas. Ellos tampoco se atreven, a la vergüenza del señalamiento se une el temor de que las mujeres consideren que la ofensa requiere acciones más contundentes. Algunos también son Igbo. Saben lo que significa la práctica de “sentarse encima de un hombre”.

Los blancos no entienden en absoluto los mecanismos culturales del pueblo Igbo ni la importancia de lo que está sucediendo, aunque también son señalados, piensan que todos esos bailes ridículos solo son muestras de la inferioridad de negros, además, mujeres. Mujeres y negras.

Durante los días siguientes, la protesta gana en intensidad. Se extiende a más regiones de Nigeria. La tensión aumenta.

Las autoridades coloniales atienden a las súplicas de sus Jefes de Garantía. Envían tropas a las áreas afectadas. El objetivo es acabar con la protesta por la fuerza, el envío de militares solo empeora la situación. Es una provocación, una declaración de guerra.

Las mujeres comienzan a cortar carreteras para paralizar el tráfico comercial de los colonos. En uno de esos bloqueos, un militar británico atropella a varias mujeres, matando a dos de ellas. El resto se lanza hacia el coche y destroza el vehículo, intentando linchar a su ocupante. Éste consigue salir y huye malherido.

Los hechos se sucederán durante las cuatro semanas siguientes. La protesta crece. De una sentada pacífica se pasa a la resistencia más feroz a la que los británicos se habían enfrentado jamás en sus colonias africanas. Las mujeres no solo responsabilizan a los colonos, sino también a los Jefes de Garantía, que actúan como perros obedientes con sus amos y se benefician de la explotación que estos generan.

 

Grupos organizados de entre cuatrocientas y cuatro mil mujeres arremeten de forma sistemática los puntos clave de la dominación política y económica colonial. Centenares de oficinas de correos, sedes de bancos, tiendas y edificios oficiales son embestidos e incendiados. Se destruyen infraestructuras del gobierno y fábricas en toda la tierra Igbo.

Las tropas coloniales y la policía responden con feroz brutalidad. Ya participan más de 25.000 mujeres, y son golpeadas y asesinadas por docenas.

La noticia de la resistencia se extiende por el mundo, inspirando a otros grupos minoritarios en África. La rebelión no pone fin al colonialismo, pero fortalece los cimientos de una administración aborigen inclusiva y, en cierta medida, la lucha por la independencia.

La valentía de estas mujeres para preservar sus bienes y derechos y luchar con mano desnuda contra un sistema poderoso y tirano, es un ejemplo inspirador de las mujeres para las mujeres y de África para el mundo.

 

Colibantan, a Taste of África, a partir de los relatos de los pueblos y de las siguientes páginas web:

http://nosotras.cnt.es/textos/la-colonizacion-nigeria-la-guerra-las-mujeres-igbo-patearon-monton-culos-blancos-negros/

http://www.africafundacion.org/la-revuelta-de-las-mujeres-de-aba-en-1929-como-las-mujeres-lideraron-la-gran-revuelta-fiscal-de-africa

https://es.wikipedia.org/wiki/Lucha_de_las_mujeres_igbo

[1]

Información adicional

Peso 7.000 kg
Dimensiones 24 × 24 × 92 cm

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